
Las hamburguesas envasadas se presentan como una alternativa cómoda y relativamente asequible. Pero ahí acaban sus ventajas: nos encontramos ante un producto de pobre calidad. Y además, en algunas muestras se detecta ADN de caballo.
Las hamburguesas deberían indicar en la etiqueta, entre los ingredientes, el % de carne, según establece la normativa de etiquetado. No es así en 6 de los productos analizados, algo que valoramos mal, pues puede confundir al consumidor.
La calidad de carne de los productos analizados es, en general, pobre: muchos tendones, cartílagos que se usan en vez de carne de calidad... Esto, unido a un exceso de grasa, al recurso a los aditivos a menudo injustificados y al abuso de la sal hacen de las hamburguesas un producto poco apetecible.
La carne picada es un producto muy perecedero. La gran mayoría de las hamburguesas frescas envasadas llevan conservantes. Muchas recurren otros aditivos como antioxidantes, colorantes, potenciadores del sabor o incluso sulfitos, un conservante que no está exento de riesgos.
Fuente: http://www.ocu.org/alimentacion/alimentos/informe/hamburguesas/2